La visión de la realidad que acontece es ciertamente multiforme dependiendo del número de personas que accedan a ella. El espacio es el mismo pero cada individuo da su singular interpretación del entorno que le rodea.
Dicha interpretación se nos muestra muy singular en la obra de Itziar Nazabal.
La autora navarra utiliza el juego plástico para envolver los espacios representados, para convertir el paisaje cotidiano en ensoñaciones propias del reposo en el ser.
Pareciera como si de una película antigua se tratara ya que un ligero velo cubre parte de la obra intentando transformar el sentido de la misma, procurando crear un aura de impaciente expectación por conocer, por indagar en lo completo que supondría un amplio conocimiento del espacio recreado.
Un actuar sobre el lienzo que delimita de forma clara el culmen estructural, la completa visión de lo representado de forma inconclusa.
Este velo o penumbra no hace por más que ir absorbiendo el espacio. Fiel trasgresor dúctil dotado de movimiento se hace dueño del cosmos figurativo, transformando el concepto base y encaminándolo sagazmente por derroteros en los que la autora se encuentra sustancialmente más cómoda....como por ejemplo, la indagación imaginativa de lo soñado.
La tonalidad propuesta no sólo acompaña el carácter pretendido sino que complementa de manera sobresaliente ese mundo acaparadoramente hegemónico que la creadora intencionadamente pretende transmitir y en el cual la base es la imposibilidad de una visión o elaboración mental común, con lo que el trasfondo se nos presenta como infinito.
El proceso mental pasivo es fundamental en el trabajo de Nazabal, en todo el desarrollo que supone el impertinente devenir de lo irracional en contraposición a lo racional y lo contundente que supone un realismo conforme, un realismo basado en lo meramente fotografiado en nuestra retina y que la autora pretende variar, dotarlo de un gran cambio que no haga mas que diversificar sentidos y sensibilidades, ampliar el espectro temático procurando en el contemplador una investigación formal como principal vía ante el aprendizaje creativo, ya fuere simplemente educacional.
Itziar se expresa dando sentido a la transgresión de lo real, desarrollando lo irreverente que supone ir a contracorriente de lo establecido, hecho que da valor y singulariza su obra, marcando una clara línea propia y acrecentando la idea de que la realidad es un sustantivo individualizador que confiere a cada persona la capacidad de diversificar sentidos, de edulcorar lo propuesto.
Francisco Arroyo Ceballos
Crítico Independiente / Director del CIALEC
Itziar Nazabal, artista alsasuarra, pintora de apasionada fuerza interior, plena de sensibilidad, con un emocionado, al tiempo que sereno equilibrio, fuerza arrolladora volcada en su particular plasticidad, con la maestría en resolver el cuadro desde la más asombrosa facilidad, cada toque es un instante, un suspiro, una vivencia. Formas vigorosas, vitales, como si de Sorolla se tratará, combinadas con otras más sombrías como del Greco o de Goya, se trata de una paleta dinámica, de la que surgen los trazos derivando con agilidad, desde la poética expresionista, emoción primaria sensual que causa el objeto en el alma de la artista y se precipita matéricamente sobre el blanco lienzo hasta llenarlo de valentía, rotundidad, con un cierto, personal gestualismo, en lenta, lógica y madura transición, que tiende hacia la frontera de la abstracción. En resumen una artista a tener en cuenta, en su presumible progresión.
AITTA
Corresponsal Catálogo Nacional de Arte